Martes, Agosto 20, 2019
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Y, POR SUPUESTO, LO HAN HECHO

ALFONSOComo ha quedado definitivamente claro: el PP y Vox firmaban un pacto político para sumar sus votos en la investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla como presidente de la Junta de Andalucía. Todo el proceso ha sido chusco, esquinado y refitolero. El acuerdo se negocia y se firma en Madrid en ausencia del candidato presidencial del PP, que no ha asistido a las reuniones ni a las rúbricas, pero qué negociaciones, mi alma, descritas hace más de un siglo en una copla perfecta: "En la puerta de un sordo,/ en la puerta de un sordo/cantaba un mudo,/cantaba un mudo/ y un ciego le miraba, /y un ciego le miraba/con disimulo". Los dirigentes de Ciudadanos han pactado previamente con el PP, pero no han participado en los fructíferos desencuentros entre los (muy) conservadores y esta ultraderecha de escrotos unos, grandes y libres. Creerán Albert Rivera y los suyos que con cerrar los ojos los ultras no existen. El señor Juan Marín es vicepresidente gracias a los votos de los voxistas, aunque evite cualquier foto virilizable como los vampiros evitan los espejos: para que no se note que no está sin estar. Es un curioso doble pacto que articula una mayoría para la investidura, pero que no compromete a las tres organizaciones políticas alrededor de un mínimo programa de gobierno. Eso, al fin y a la postre, son minucias. Marín es perfectamente capaz de pactar sin haber pactado con los ultraderechistas o -si es imprescindible- viceversa. Militó en Alianza Popular, transitó por el Partido Andalucista, montó su propio partidete en Sanlúcar de Barrameda, fichó por Ciudadanos, sostuvo al susanismo en Andalucía durante tres años y medio a cambio de una nada poblada de siestas interminables, sonrisas polisémicas e indiferencias plenarias. Sabe lo que se hace y, sobre todo, lo que no se hace.

 

Por desgracia no comparto la admiración furibunda ante la supuesta inteligencia publicitaria de Vox. No, no es un partido de frikis, pero tampoco un semillero de genios de la promoción. Me niego a pasar de la brillantez de politólogos treintañeros entusiastas de Laclau y las series de Netflix a la astucia incomparable de abogados y notarios que añoran a Curro Romero y solo juran por Dios y por España. Los responsables de Vox han sacado todo el rédito propagandístico que cabía en su situación. Un vendedor de hamburguesas hubiera hecho lo mismo en las fiestas patronales de cualquier caserío de medianías. Lo importante es que la derecha conservadora española y lo que hasta anteayer se vendía como un centroderecha más o menos socioliberal están dispuestas a pringarse hasta las cejas con una fuerza reaccionaria y evidentemente ajena a los valores constitucionales para llegar al poder. Y que existe una evidente predisposición a reproducir la triple entente en ayuntamientos y comunidades autonómicas si los astros electorales son propicios el próximo mayo. Es un fracaso de la cultura democrática. Y una memez política de consecuencias impredecibles, porque Vox condicionará los presupuestos anuales de la Junta y la producción legislativa del parlamento andaluz. Hace tres o cuatro semanas conservadores y liberales anunciaban que se levantarían alfombras, por el momento, por lo que han pactado, la prioridad estará en bajar los impuestos a los ricos y la clase media alta, en desproteger jurídicamente a las mujeres ante la violencia machista y en enterrar de nuevo simbólicamente a las víctimas del fascismo en las cunetas y los campos andaluces. Por Dios, por España y por Moreno Bonilla.

ALFONSO GONZÁLEZ JERÉZ

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