Lunes, Enero 27, 2020
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MEMORIAS DE LIBERTAD

moto"Pasaporte para cabalgar el tiempo, danzar en movimiento y sentir emociones inexplicables"

 En casa siempre hubo motos. Era el primer estímulo a la libertad. Esa sensación de placer por ir más ligero que el tiempo.

Yo aprendí a interpretarla en la cara de satisfacción que ponía mi abuelo, cuando aparecía con su "Francis Barnet" aquella "Inglesita" que con su ronroneo nos traía el pan a la familia y superó con dignidad y esfuerzo los años duros de las decadencias. Era una moto obrera, jornalera, una moto respetable. Todo el mundo a mi alcance giraba en torno a ella y al deseo de rodarla.

Luego llegaron las motos de los tíos, eran ligeras, más rápidas y sonaban diferentes. Empezamos a confiarnos de los primeros éxitos de Ángel Nieto y su tremendo tirón de ventas. De los primeros trialeros que escalaban las montañas de mi pueblo. Aún me estremezco al verlos en mis recuerdos. Y comenzaron las carreras, la rivalidad, los retos... Las motos se multiplicaron alrededor de nuestras vidas y con ellas salíamos de fiesta, de verbena, de playa, de ruta. 

 

¡Comenzamos a sentir cuánta pasión nos compartía cuánta gente comenzaba a viajar libre, cuántas cosas hermosas éramos capaces de sentir sobre las dos ruedas!

Cuando veo películas antiguas de guerreros, cruzadas o wenster y admiro los caballos, entiendo a la perfección esa sensación en la versión moderna. Han sido dos pasaportes para cabalgar el tiempo, danzar el movimiento y sentir emociones inexplicables.

Me he sentido un grano de arena en el desierto de Mauritania con la grandeza de su infinita bastedad. He sentido como el sol clava cuchillos de luz con sus rayos mientras rezas para no perder la ruta y salir de esas trampas.

Se me han congelado las manos y la cara cruzando las cordilleras del cielo andino y su majestuosidad helada, donde hasta el aire es escaso e irrespirable.

Nos hemos sentido mariposas danzando entre ríos turquesas y hojas gigantes en la selva patagónica.

Hemos sido ecos de nuestra invasión cruzando la soledad escarpada y antigua de la cordillera del Atlas, mientras los pastores saludan con la mano, la danza del estruendo. 

Hemos corrido por las Sierras de España descubriendo la belleza y costumbres de nuestros ancestros.

¡Cuántas cosas hermosas guardo en mi alma! ¡Cuántas experiencias trepidantes esculpidas en la memoria! ¡Cuántas lágrimas de desconsuelo por los amigos que nos dejan!

Imaginamos que siguen cabalgando en las estrellas y que las motos fueron sus sueños de inspiración. Por ellos mis honores literarios, para ellos aquellos momentos inolvidables.

Pienso en la palabra que nos faltó para enviar el mensaje a todos los que amamos las motos y sus pasiones.

Por ellas y sus infinitas emociones, nuestra libertad más responsable... Sigue siendo nuestro juguete del tiempo.

En memoria a nuestros amigos que se fueron en el sueño...

Ellos que un día salieron a vivir emociones, sentir el motor bajo sus cuerpos y todo un camino de adrenalina bajo la piel. Ellos que un día se fueron de ruta desconociendo que por caprichos del destino esa sería la última, la más larga, aquella que les llevaría al circuito infinito en dimensión de la eternidad. Ellos que siempre vivirán en nuestros corazones.

Por las pasiones del mundo y sus osados motoristas del tiempo, por cada kilómetro, cada curva, cada paisaje, por cada gota de agua en la cara, cada mosquito estrellado en la casco, cada brisa helada, cada pensamiento libre, cada saludo en ruta, cada lágrima derramada, cada amigo perdido en la carretera... ¡Nuestra libertad más responsable! Porque simplemente, amamos las motos.

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