Jueves, Noviembre 21, 2019
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¿PREPARADOS PARA EL CAMBIO DE HORA?

Este sábado 26 de octubre por la noche retrasaremos el reloj y podremos dormir una hora más. O sea: a las tres de la madrugada del domingo serán las dos. ¿La finalidad? Ahorrar. Sin embargo, no solo no está demostrado que haya una deducción en el gasto energético -y por ende, en el precio de la factura de la luz-, sino que existen otros inconvenientes relacionados con la salud que pueden afectarnos directamente.

cambiohoraLo cierto es que retrasar la hora afecta, para empezar, a nuestro reloj interno, según un estudio de Acierto.com. Descansamos menos, confiando que esa hora de más de sábado a domingo la aprovecharemos mejor. Pero nada más lejos de la realidad: al producirse en fin de semana, muchos aprovechan para alargar la noche, ya sea en casa o fuera, y prolongan los efectos negativos del domingo.

Se estima que podemos llegar a habituarnos al cambio en torno a 4 o 5 días desde su llegada

Además, toda vez que nos metemos de lleno en este nuevo horario, comenzamos a notar drásticamente sus efectos en nuestro propio ánimo. Y es que, ir a trabajar cuando aún es de noche y volver a casa cuando se acaba de poner el sol, produce situaciones de estrés a muchas personas que apenas ven la luz del sol entre semana. Esto, a su vez, provoca una caída carencia notable de vitamina D, la que se produce gracias a la exposición moderada al sol. Esta insuficiencia puede influir en el dolor de huesos y diversas patologías óseas, como la osteoporosis.

 

Igualmente, y volviendo a la falta de sueño, aumentan notablemente las lesiones laborales y en el hogar, fruto de falta de concentración derivada, a su vez, del citado déficit en nuestro descanso. Se estima que podemos llegar a habituarnos al cambio en torno a 4 o 5 días desde su llegada. Sin duda es el aspecto que más hay que cuidar, tal y como apuntan los expertos, pues habría que darle mayor importancia a los buenos hábitos como dormir entre 7 y 8 horas, hacer deporte para mantenernos en forma y regular nuestra energía, así como llevar a cabo una dieta saludable y equilibrada alejada de los excesos.

Comer mejor para descansar mejor

Por fortuna, es posible paliar algunos de estos efectos haciendo algo tan sencillo como comer bien. De hecho, existen alimentos que nos ayudarán a combatir la somnolencia, el mal humor, etcétera. Sí, porque lo que nos llevamos a la boca influye en nuestra calidad de vida y de sueño. Y es que el ritmo circadiano también puede sincronizarse con la alimentación y la digestión, ya que es durante el día cuando el intestino se mantiene más activo. Tal es así, que los cambios horarios en la alimentación pueden ocasionar alteraciones en el ritmo normal intestinal y ocasionar problemas gastrointestinales.

Además, y según los expertos, el horario de las comidas es tanto o más importante que la cantidad que ingerimos para mantener el peso. Para empezar, deberíamos establecer unas pautas que evitaran que nuestro reloj biológico se alterase todavía más. En el caso de las comidas, lo ideal será adelantar la hora progresivamente los días anteriores al cambio (o a la inversa si lo hacemos después). Evitar las ingestas muy calóricas y abundantes antes de ir a dormir será otro punto que nos facilitará conciliar el sueño. Y para ayudarte, nada como el huevo, el queso o el pescado, que nos permitirán aportar triptófano, un aminoácido que hace que segreguemos melatonina, la hormona del sueño.

En cuanto al riesgo de hipertensión, también hay ingredientes para prevenirla. Por ejemplo, el ajo y la cebolla tienen efectos vasodilatadores, igual que la cayena. La canela también sirve para controlar el azúcar en sangre, la pera y el plátano son ricos en potasio, y el apio tiene efectos depurativos y diuréticos. También se recomienda tomar legumbres entre cuatro y cinco veces por semana.

En todo caso, es imprescindible comentar que no todos tenemos el mismo ritmo, y que la sincronización con el día y hábitos no son los únicos que lo marcan. Aquí estamos hablando del cronotipo, determinado, entre otros, por condicionantes genéticos. Y la edad cuenta: los jóvenes tienen un reloj mucho más fuerte y se recuperan antes. Dicho lo cual y a la espera de una decisión sobre este cambio, trataremos de adaptarnos lo mejor posible y de consultar al especialista en caso de necesitarlo.

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