Martes, Octubre 15, 2019
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Viaje a Palestina 4

foto 6Día 4. Belén.

            Da lo mismo si eres creyente o no. Da igual si eres católico o no. Belén es una ciudad que cautiva por su historia, por sus calles de edificios de piedra blanca, por sus tiendas, por sus carpinterías, por su Basílica de la Natividad y por El Pesebre, el lugar donde nació Jesucristo.

            Si además tienes la oportunidad de vivir la víspera de Navidad en Belén, con todo lo que allí se monta, la experiencia se convierte en un recuerdo imborrable. La tarde del día 24 (de 2008) fue el único momento en que nos sentimos verdaderos turistas, porque nos pudimos dedicar a pasear, hacer algunas compras y disfrutar de los actos que tienen lugar cada año en Belén.

 

            Pero antes quiero contarles nuestra visita (también en Belén) al Centro de Acogida de Mujeres Maltratadas “Mehwar”. El centro está custodiado por cinco guardias, porque la mayoría de las mujeres que residen y trabajan allí están amenazadas de muerte.

            Las trabajadoras del centro, de las que quiero resaltar su valentía y compromiso, nos cuentan que la realidad de las mujeres que viven allí es muy dura. La mayoría sufrieron abusos sexuales durante años, por parte de sus padres. “Ante esta situación - nos cuenta Begoña, trabajadora española del centro – sólo tienen dos opciones: aguantar o denunciar, pero si hacen esto último ponen en peligro sus vidas, porque sus padres pueden matarlas. Si optan por denunciar y venir al centro, saben que lo tienen muy complicado para volver con sus familias. Quedan marcadas por deshonrar a sus padres Lo mismo ocurre con las mujeres violadas. Representan una humillación para la familia. Aquí las acogemos y, si las condiciones lo permiten, mediamos para que puedan volver a su casa, pero si esto no es posible, les damos formación y procuramos enseñarles una profesión para que se puedan ganar la vida en otra ciudad. Aquí es imposible porque pondrían en peligro su vida y la de sus hijos, si los tienen”. El relato de Begoña es de una dureza extrema. Es otra de las realidades de esta tierra que, por cierto, no nos suena nada lejana (sólo hay que consultar el número de mujeres asesinadas en España el año pasado).

            De vuelta al hotel Bethlehem comentamos lo visto en el centro. Esta es la gran batalla de la Plataforma de Mujeres Famosas contra la Violencia de Género.

            Desde primera hora de la tarde, las calles de Belén son un hervidero de gente. Comienzan todos los preparativos para la llegada del Patriarca de Jerusalén, máxima autoridad católica en Tierra Santa. De camino a la Basílica de la Natividad hacemos dos paradas; la primera en una panadería para comprar una especie de roscón, con forma de estrella que tiene una pinta magnífica, y que se come solo. La segunda en una carpintería dentro de una cueva. Allí compro una cruz de madera, que el propietario se empeña en regalarme y yo en pagar, hasta que al final me salgo con la mía. ¡A cabezota a mí no me gana nadie!

            Cuando llegamos a la Basílica estaba todo el perímetro acordonado y el grupo de periodistas pensamos que no nos dejarían pasar porque no estábamos acreditados, pero cuál fue nuestra sorpresa, cuando al mostrar nuestros carnets nos dejaron acceder al recinto sin hacer una sola pregunta. ¡Pues a la Basílica nos dirigimos los chicos y chicas de la prensa! Entramos por una puerta en la que tuvimos que agacharnos para poder entrar al templo, debido a su reducido tamaño (en la tradición local, ese gesto es muestra de modestia y respeto hacia el lugar Santo).

            Una vez dentro, recorrimos toda la Basílica y, al fondo, una escalera que penetra en el subsuelo, nos lleva a una cueva ricamente decorada. El lugar donde nació Jesucristo: El Pesebre. Más allá de las creencias de cada uno, lo que no se puede negar es que se trata de un lugar histórico.

            Cuando abandonamos la Basílica, el Patriarca está a punto de llegar. Lo sabemos por la nube de religiosos, guardaespaldas, fotógrafos y cámaras que le acompañan.

            En esa misma plaza, durante la noche, disfrutamos de un concierto ofrecido por las artistas que nos acompañan para toda la población de Belén. ¡Menuda Nochebuena! Allí conozco a Salah, un joven de 22 años, al que le faltan tres dedos de su mano izquierda porque cuando era pequeño cogió una pelota que escondía dentro explosivo. Me comenta que tirar este tipo de pelotas en los patios de los colegios palestinos era una práctica habitual por parte de algunos soldados israelíes. Sin embargo, en sus palabras no hay odio, sino ilusión por trabajar por su pueblo, para que sea libre algún día. ¡Es la mejor lección que me han dado en mi vida!

            Cuando regresamos al hotel, también está montada nuestra pequeña fiesta de Navidad. Entre el picoteo y el cava en la barra, converso con los camareros del hotel, con los que ya tengo cierta confianza. Uno de ellos me pregunta ¿Tú tienes familia Palestina? Le contesto que sí. Que mi abuelo materno era de Ramallah y que allí queda parte de mi familia. Se dibuja una sonrisa en sus caras y me dicen: “¡Lo sabíamos! ¡bienvenido a tu tierra, hermano!”.

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