Lunes, Junio 17, 2019
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Viaje a Palestina 5

FOTO 14Día 5. Nablus.

El quinto día de nuestro viaje a Palestina nos lleva a la ciudad de Nablus. Situada al norte de Cisjordania, es la ciudad más grande de los territorios palestinos ocupados, con una población de alrededor de 134.000 personas. Antes de la Segunda Intifada, momento en el que Israel cerró la ciudad, Nablus era clave para la economía de Palestina. Su más conocido producto durante siglos ha sido el jabón de aceite de oliva.


Pero ante todo, Nablus es el hogar de cinco milenios de historia. Los restos de la antigua Siquem, a pocos kilómetros de la ciudad actual, con sus grandes muros de piedra en seco, es un testimonio espectacular de la temprana historia del lugar. Más tarde llegaron los romanos, que reconstruyeron la ciudad y la llamaron "Neapolis", de allí se deriva el nombre “Nablus”. Posteriormente, llegaría el período bizantino, con el triunfo del Islam, el periodo de las invasiones de las cruzadas y la era otomana. Todos los pueblos que se han asentado en esta ciudad han dejado su huella en Nablus.

 

Nablus también es un bastión de Hamas (considerado un grupo terrorista por Israel, Europa y EE.UU) en Cisjordania, de ahí que el cerco al que la tiene sometida el ejército israelí, sea muy duro. Eso se nota nada más llegar a las afueras de la ciudad. Nos retuvieron en el check point cerca de dos horas. Nos dio tiempo de bajarnos de la guagua, observar cómo funciona el puesto de control de la ciudad e incluso conversar con una soldado israelí, que nos atendió con mucha amabilidad y que negó cualquier tipo de tensión en la zona. “Estamos aquí para garantizar la seguridad de las personas” (lección muy bien aprendida). Para que se hagan una idea de lo militarizada que está la sociedad israelí, el servicio militar es obligatorio, y dura tres años, en el caso de los chicos y dos para las chicas. Luego, pueden proseguir con sus estudios universitarios.

Al entrar en Nablus, el panorama es desolador. Se trata de una ciudad sitiada por el ejército de Israel, en la que no se aprecia movimiento, salvo en las calles principales. La mayoría de los edificios presentan signos, más que evidentes, de enfrentamientos armados. Nuestros guías nos llevan a conocer uno de los campos de refugiados más antiguos de Cisjordania. Está en pleno centro de Nablus y en el malviven cerca de 40.000 personas, en unas condiciones que dejan mucho que desear. Sólo la ayuda de la UNWRA (la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina) ha permitido que la población del lugar no perezca por inanición. Allí viví uno de los momentos más entrañables, cuando un grupo de niños, se me acercaron y chapurreando algunas palabras en inglés, conseguí entenderles que me decían que yo era palestino. Cuando les confirmé que mi abuelo procedía de Ramallah, montaron una fiesta.

Tras la visita al campo de refugiados, nos fuimos a la sede del Gobierno (Ayuntamiento) de la ciudad, para reunirnos con las autoridades. Fue uno de los encuentros más tensos, porque mientras Cristina del Valle (Presidenta de la Asociación de Mujeres Famosas contra la Violencia de Género) habló de libertad para Palestina, todo fueron sonrisas y aplausos, pero cuando recordó que muchas mujeres palestinas también sufren represión y tienen los mismos derechos que los hombres, el nivel de euforia se redujo notablemente.

Acabado el encuentro con las autoridades, continuamos nuestro recorrido por diferentes lugares de Nablus. Llama la atención la cantidad de carteles que hay por las calles con los rostros de chicos jóvenes (algunos de ellos armados). Le pregunto a nuestro guía quiénes son y me dice: “mártires. Chicos que han dado su vida (asesinados, enfrentándose al ejército israelí o inmolándose) por su pueblo”. ¡Escalofriante!

Poco después, nuestro guía, Mohamed Oded, visiblemente nervioso, nos indica que tenemos que irnos, que subamos todos a las guaguas y que nos vamos. “El resto de las visitas quedan suspendidas” nos dice. A la mayoría nos sorprende el nerviosismo de Oded, pero el insiste: “Quien se quede aquí, lo hace bajo su responsabilidad”. Ante las palabras de nuestro guía, nos subimos a las guaguas. Delante de nosotros se colocan dos coches de la policía palestina, que abriéndonos paso, nos llevan ¡a toda pastilla! Hasta las afueras de la ciudad, de nuevo al check point.

De camino a Belén, Oded nos explica que Hamas, en la Franja de Gaza, ha lanzado cohetes a territorio israelí, por lo que el ejército iba a cerrar la ciudad de Nablus y, posiblemente, a realizar incursiones nocturnas (con el peligro que ello conlleva, por los enfrentamientos armados). De ahí sus prisas y sus nervios por sacarnos de la ciudad. Quedarse en Nablus no hubiese sido una experiencia agradable.

La tensión del quinto día fue el preludio de lo que ocurriría al día siguiente: inicio de la operación Plomo Fundido sobre Gaza. Pero esa es otra historia.

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