Sábado, Noviembre 23, 2019
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Viaje a Palestina 1

Muro 5Muchas personas me han preguntado por qué no comparto con todos los lectores y lectoras de El Naciente las experiencias de mi viaje por Palestina, en las Navidades de 2009. Está todo por escrito porque cuando llegué de aquella tierra, tuve que sacar todas las experiencias que viví, la mayoría de ellas muy duras, para que no me quemaran por dentro.

            Les propongo que recordemos juntos aquellos días acudiendo a mi “Cuaderno de bitácora”. Al igual que los capitanes de barco, cada jornada iba tomando nota de todo lo que me llamaba la atención, y por las noches lo pasaba a limpio.

 

            Pero les adelanto que no van a ser artículos de opinión. Quiero intentar (y hago especial énfasis en el verbo), contarles lo que vi (y no lo que sentí), despojando de toda carga subjetiva mi relato, para que sean ustedes los que saquen las conclusiones. Por este motivo, el formato de los artículos será el de un diario…el de mi “Cuaderno de bitácora”:

Día 1. Llegada a Belén.

            “Les escribo desde el hall del hotel Bethlehem. Por la megafonía acaba de sonar el himno de España (una versión un tanto folclórica) y ahora escucho una rumba. Son las 11:30 de la noche en Belén, dos horas más que en Canarias y hemos tenido un día en el que ha habido que echarle mucha paciencia al asunto. Muro 1

            La jornada comenzó muy temprano, ya que el punto de encuentro para el grupo quedó fijado a las 6.30 en la Terminal 1 del aeropuerto de Barajas. Teóricamente debíamos salir a las 9, pero cuando estábamos ocupando nuestro sitio en el avión, una persona se echó a atrás en el último momento y se bajó del avión. Esto provocó un retraso de dos horas, porque las normas de seguridad obligan a buscar el equipaje del pasajero y bajarlo del aparato. A las 11 de la mañana despegamos de Madrid, y después de cuatro horas y media de vuelo, tomamos tierra en Tel Aviv (capital de Israel). La ciudad nos recibió con un día muy cerrado, pero no hacía el frío que nos habían dicho.

En el control de pasaportes tuvimos los primeros problemas. Rosa Halaby (compañera de viaje) y quien escribe fuimos “invitados” a pasar a otras dependencias. Supongo que nuestros apellidos (de origen palestino) y los cuños de los países visitados (en mi caso Marruecos, el Sáhara Occidental, Mauritania, Túnez, etc.) despertó la intranquilidad de la oficial de aduanas que descolgó el teléfono de su cabina para hacer una llamada. Al instante aparecieron dos policías que me llevaron a una sala en la que comenzaron a hacerme preguntas de todo tipo (origen, finalidad del viaje, profesión, lugares que iba a visitar, mi opinión sobre Israel, etc). A los diez minutos apareció uno de los miembros del Gobierno israelí que nos iba a acompañar durante el viaje. Visiblemente enfadado se dirigió a los policías que me habían llevado a aquella sala y me sacó de allí para llevarme con el resto del grupo.

            Solventado este primer bache (al final fuimos cinco los interrogados), nos subimos a la guagua y pusimos rumbo a Belén. Unos 60 km separan Tel Aviv de esta ciudad histórica, en la que se aprecian dos partes bien diferenciadas: la zona moderna, cuidada y de lujo, y luego está la zona pobre, descuidada y medio derruida. No hay que ser muy inteligente para imaginarse que la primera corresponde a la parte judía y la segunda a la palestina.

Nunca olvidaré la fecha de hoy (22 de diciembre de 2009) y una hora en concreto: 08:10 de la tarde. A esa hora atravesamos, por uno de los múltiples check point (puesto de control), el muro que separa Israel de Palestina, aunque no sólo separa dos estados, a pesar de que uno de ellos no esté reconocido (Palestina), separa también dos mundos, dos realidades que convergen, pero que este muro impide que se fusionen. Cruzar el muro produce una sensación de escalofrío por todas sus connotaciones, pero me resulta imposible describirlas con exactitud. Las emociones (miedo, nervios, tensión, pena, indignación, etc.) se producen a un ritmo endiablado, mientras en la guagua se hace el silencio. Nos han advertido que no hagamos fotos porque está prohibido fotografiar los check point. Será la única vez que el grupo de periodistas hagamos caso de las recomendaciones. No hemos ido hasta allí para oír, ver y callar.

Al llegar al hotel (viejo y sin el mantenimiento adecuado, pero muy digno), fuimos recibidos por un grupo de hombres y mujeres palestinas que nos dieron una especie de bufanda con los colores de la bandera palestina e inmediatamente pasamos al restaurante. Eran las 20:30 y el cuerpo pedía combustible. Salvo el tentempié que tomamos en el avión, allá por las 11:30 de la mañana, no habíamos probado bocado en todo el día. Durante la cena fuimos agasajados por diferentes cargos políticos de la ciudad, todos ellos, pertenecientes al partido Al–Fatah, el preferido por las autoridades europeas y estadounidenses, por su ideología moderada, frente a la de Hamás, que apuesta por la lucha armada y tiene un mayor tirón entre la población de la Franja de Gaza. Las relaciones entre ambos partidos están rotas y se producen enfrentamientos (a veces políticos, a veces armados) con relativa frecuencia.

La cena estuvo genial (comida típica de Palestina) y el servicio se desvive por hacernos el gusto en todo. Nos dan las gracias por estar allí con ellos en unas fechas tan señaladas. No han pasado más que unas horas desde que llegamos a Belén, pero ya siento que el viaje ha valido la pena.

Mi compañero de habitación es José María Martín, periodista del diario digital 20 minutos y chicharrero de origen. Ciento ochenta personas y me tiene que tocar un chicha como compañero de sueños. Un tipo genial, con él conecto de inmediato.

Mañana saldremos hacia Jericó, una de las ciudades más antiguas del mundo, que muy pronto cumplirá 11.000 años”.

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