Viernes, Julio 10, 2020
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LAS LUCES DE ÁNIMAS

octavio

OCTAVIO MONTESDEOCA

Niña... despierta… despierta!!! -oyó la pequeña mientras se desperezaba del sueño en el que había caído bajo el peral.

Al abrir los ojos, Julia, de 10 años, pudo ver a unos seres de luz, vestidos de blanco, cómo ángeles de la guarda que amablemente la animaban a bajar por unas escaleras dentro de la cueva que tenían enfrente. Aunque no articulaban palabra, ella podía escuchar nítidamente su voz serena y amigable. “Te has quedado dormida, pequeña, pronto anochecerá, acompáñanos a nuestra casa y te daremos cobijo”.

ESPIRI2Julia había venido a coger algunas peras al Barranco de “Chamoco”, (nombre original guanche del lugar) enviada por su madre quién preparaba el almuerzo familiar. Sus amigas no quisieron acompañarla, por el temor que les infundían las leyendas de “luces de ánimas” y “llantos de almas en pena”, de este lugar. Pero a la niña no le quedó más remedio tras ser mandada por su madre. Además eran las 12 del mediodía, y nada le podía pasar. Pero al llegar al fondo del barranco le entró una gran modorra y se recostó un ratito para descansar en el tronco del peral. Sin saber cómo ni por qué había pasado horas durmiendo y el sol estaba a punto de esconderse, por lo que la idea de refugiarse durante la noche con estos seres con actitud tan bondadosa, no era tan mala.

Mientras en la casa de la pobre Julia, habían alertado a todo el barrio de San Juan (parte alta y más antigua del municipio de Güimar, en Tenerife), ya que la niña había tardado horas en el barranco y se acercaba la noche. Su padre había llegado del campo sobre las 2 de la tarde y aunque al principio pensó que la niña estaría jugando con sus amigas, al ver que no volvía empezó a preguntar por ella, y ya había reclutado a una decena de personas en su búsqueda. Llegaron hasta el primer peral del barranco, que pertenecía a su familia, dónde Julia solía asistir a jugar y recoger fruta, y solo encontraron una pequeña muñeca de trapo con la que la pequeña jugaba. Peinaron los primeros kilómetros, acompañados de perros que olfateaban su rastro, pero no encontraron nada más. La noticia llegó a las autoridades de la época quienes pusieron todos los medios terrestres disponibles durante semanas enteras, pero ni rastro.ESPIRI1
Corría el año 1.910 y Julia se convirtió por desgracia en “La Niña de Las Peras”, no solo en Tenerife, sino a nivel nacional, su desaparición se unió a las leyendas de este barranco, conocido actualmente como Barranco de Badajoz, dándole una magnitud sobrenatural…

Pero la historia no termina ahí…

La niña había despertado al alba y se dirigía a cumplir su mandado, recogió en su falda un buen cargamento de peras y se dirigió a su casa. Al subir por la cuesta que le conducía a su casa, empezó a extrañarse de lo mucho que había cambiado su barrio. Pero con las prisas de volver y no ser regañada por su madre, no le dio mucha importancia, hasta que se tropezó con una mujer que se quedó petrificada mirándola, al tiempo que se echó a correr aterrada, hacia la puerta de la primera casa que encontró.

-¡¡Abran la puerta!!....¡¡Salgan de prisa!!...¡¡ha "vuelto" La Niña de Las Peras!!...

-¡¡Ha "vuelto" treinta años después!!...¡¡ y está con la misma ropa y la misma "edad".!!

ESPIRI3Gritó su "amiga" de la infancia, aquella niña amiga suya, que no quiso acompañarla al barranco y ahora parecía tener unos 40 años, no daba crédito, de la "reaparición" de...La Niña de Las Peras.

Lo que Julia contó después de su reaparición fue lo siguiente:

Al parecer fue hasta el Barranco en busca de la fruta que sus padres le habían encargado y se quedó dormida al pie de un peral, donde más tarde fue despertada por un ser muy alto vestido de blanco. Lejos de sentirse asustada, aquel ser le inspiró confianza, por lo que accedió sin reparos a la invitación que éste le hizo de que lo acompañara. La niña siguió a aquel extraño ser hasta el interior de una cueva en la que habían unas escaleras por las que descendieron. Al finalizar del descenso se encontraron en un jardín en el que habían más seres como el que la había guiado hasta allí, todos vestidos de blanco. La niña se entretuvo unos minutos charlando con ellos hasta que al fin su extraño acompañante la guió de nuevo a la salida de la cueva y se despidió de ella.

Para ella no habían pasado más que unas horas.

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