Miércoles, Julio 24, 2019
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TORTILLA IMAGINA

IMG 20190628 WA0004Ver, oler y saborear la inconfundible textura de la Tortilla de mamá, es besar el recuerdo y dar gracias a Dios por esa bendición divina.

¡Cuántas cosas hermosas nos transportan en el tiempo a los momentos felices del día! Los placeres culinarios de la abuela, la conversación de sus recuerdos que van unidos al hilo conductor de la familia, los detalles históricos, los flashes de su visión de las cosas, las anécdotas.

Por increíble que parezca, siempre encuentras observaciones en los apuntes, aunque te los cuente mil veces. Es enriquecedor y tremendamente tierno sus buenaventuras, su inmenso cariño y sus miedos por el bienestar de los suyos. Hablamos de los antepasados y pronto salta la lista. La de los muertos. Sí, ella tiene una lista y una contabilidad maravillosa. Algo así como un censo de vida. Repasa en voz alta, zona a zona del barrio la lista de bajas. Se sorprende y comenta que conoce más muertos que vivos y su alegría contenida de la felicidad momentánea le hace hablar mucho de Dios y sus misterios. Adoro a esta mujer, es humilde y protectora. Consejera y transmisora de su verdad.

 

Llevo años intentando hacer  la tortilla de mamá… y aunque alguna vez me he acercado a su perfil. Con lo fácil que parece. Y vuelvo a mi crítica de buen aprendiz. Le falta el toque maestro.  Y el toque maestro de Carmencita Ramírez es el amor. Sin duda. Es la alegría y voluntad con la que te hace las cosas. Tiene un espíritu dormido pero alegre. Alguna vez la sorprendía cantando canciones de época, boleros, romances y recuerdos. Y el fuego.  Llegó a la conclusión que este elemento tiene mucho que aportar en su tortilla. La cocinilla. Un sartén del tamaño del plato, 1 kg de papas, 4 huevos… y unos granos de Sal Marina.  Parece fácil.

Pues no lo es, al menos que salgan las tres infinitas verdades de su éxito. Textura compacta por fuera, casi como piel de bizcocho. Color armonía del que se espera de tu visión. Olor entrañable, mezcla a cocina antigua, a patio de flores, pájaros que cantan, a radio que suena la sintonía de la vida. Sabor cielo, inspiración de los dioses terrenales tocados por gracia divina e infinito paladar que sacia el deseo y gratifica la felicidad. Y no es menos cierto y es donde fallamos para rematar el éxito, los tiempos de fritura, la vuelta, la llama, el aceite, la mirada, el pensamiento, el plato, el cotejo y la espera. Al final la pone en el plato, la tapa con otro y la abriga con un paño de cocina para que el calor y el aroma no se escapen. Mientras mira el reloj y reza para que no llegue tarde a comer.

Yo le he puesto un nombre a la tortilla de mi sagrada madre: "Tortilla Imagina",  porque así es su sabor. Y no se asusten si les digo que el sabor es el que imaginan. De verdad.  Vuelvan a mirar la tortilla e imaginen a que sabe. A mamita, divino tesoro.

FELI SANTANA

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