Martes, Agosto 20, 2019
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HOMENAJE AL RECUERDO DE UN AMIGO: NONO

de camino en el cuatro latasHace una semana me enteré por casualidad que un amigo estaba enfermo y justo una semana después dicho amigo moría y a mi parecer algo dentro de mí también murió. Desde el momento en el que supe la noticia no he parado de pensar en él y en las muchas cosas que compartimos desde nuestra más tierna infancia hasta una intensa relación de verdadera amistad ya de adultos. El inexorable paso del tiempo va situando a cada cual en unas circunstancias concretas, a veces buscadas, a veces azarosas y cada cual toma lo considerado destinado como un modo de vida que los une a nuevas personas que van conociendo y que, de algún modo y sin que esa sea su intención, los aleja de los ya conocidos.

El tiempo y la distancia enfrían las relaciones, pero siempre queda un pequeño rescoldo encendido que a veces se vuelve llamarada para luego volver a ese estado latente y sin embargo nunca se extingue del todo. Muchas veces no somos conscientes del efímero tiempo que nos toca vivir y postergamos muchas cosas que luego lamentaremos no haber hecho, pero en la vida no hay un guión preestablecido y cuando queremos rectificar ya es tarde. La herida abierta por la desaparición de un amigo hay que coserla con recuerdos y con mucho cariño, esa herida cicatriza pero tarda en cicatrizar.

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Una avalancha de recuerdos han pasado por mi mente desde la fatídica noticia hasta hoy, recuerdos tales como nuestros juegos infantiles de la chapa, el trompo, piola y muda, etc.; posteriormente lecturas de revistas satírico-neurasténicas, Pancho Guerra, García Márquez, etc.; intentos de formar una sociedad; viajes para todas partes en nuestro Citroen cuatro latas; juergas y sobre todo largas y profundas conversadas y un montón de cosas más y en esa relación se fue produciendo una especie de trasvase de su persona a la mía y viceversa que no se disolvió jamás. Hace aproximadamente un año que lo vi por última vez. Fue en Las Palmas, él iba a una reunión de trabajo al Cabildo y al pasar por la calle San Nicolás en la que yo estaba trabajando me vio y eché allí mi última conversada con él sin saberlo. En el transcurso de la conversación que mantuvimos apareció un compañero de trabajo y se lo presenté diciéndole este es un amigo mío de infancia, un hermano...

Hay muchas personas que pasan por la vida de uno que dejan una marcada huella, pero él en mí no sólo dejó una huella sino un profundo surco. Siento mucha rabia, frustración y una enorme pena por no poder haberme despedido de mi amigo por dolorosa que fuera esa despedida y no sé si su hermano Paco llegó a transmitirle el abrazo que le envié y mis vanas palabras de ánimo de que no se viniera abajo. Es por eso que he querido rendirle un póstumo homenaje con estas sencillas pero sinceras palabras cargadas de sentimiento, pues mientras las escribo siento un nudo en la garganta y la vista se me vuelve borrosa por culpa de las lágrimas que afloran sin que yo lo pueda impedir por la pérdida de un amigo al que jamás podré volver a ver, oír y sobre todo sentir ese torrente de optimismo y alegría que emanaba de su peculiar manera de ser. Adiós para siempre NONO.

Mis más sinceras y sentidas condolencias para todos sus hermanos y hermanas a los que considero familia mía y especialmente para su hija e hijo y para su compañera.

                                                                                                                                     Agustín del Pino Calderín

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