Miércoles, Octubre 16, 2019
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CASI UN CUENTO: COGIENDO PAPAS EN VALSEQUILLO

papas2A Nono Trasto, que siempre está ahí

Quienes hayare participado de una cogida de papas estarán de acuerdo conmigo que es un momento de encuentro bastante agradable, casi lúdico, nos atreveríamos a decir. Siempre y cuando la cosecha sea buena, para que estimule un poco, y lógicamente que hayan ganchetas o fuchas, si es más del norte, y hombres suficientes y proporcionales al terreno que se quiera coger o arrancar. Y si además hay sancocho y el dueño es bien dado, el momento puede rozar el no da más.

papas3Hablaríamos de otra cosa muy distinta si hombres y herramientas escasearan y el amo además fuera un sacacueros y miseriento que no quiere gastarse los cuartos en un buen cherne o burro o ni siquiera en un enyesque de fundamento a media mañana para matar el jilorio. En estos casos que hubiéranlos y haylos a montones, dicha tarea se puede convertir en un verdadero calvario. Porque quien le haya dado a la gancheta un par de horas, sabe que es un artilugio, pese a su sencillez y humildad, un tanto desamorable, ya que los efectos secundarios y según prospecto, suelen ir acompañados de punzadas y dolores en la rabadilla y algunas veces, las menos, de salpullidos y ronchas. Tal es así que los galenos, conscientes de los peligros que esto conlleva para la salud en general, recomienda a sus pacientes que se abstengan de sus utilización si no es absolutamente necesario y que, en la misma recomendación o receta, se incluya también el sacho como factor de riesgo.

En fin, que cogiendo papas andábamos con unos propietarios que no eran nada jediondos con la comida, pero por aquellos días o el pescado salado escaseaba o se olvidaron de encargarlo. El caso fue que decidieron compensarlo con un buen enyesque. Unos bocadillitos de sardinas en aceite, mortadela (que estaba muy de moda), conserva, queso plato o del otro, a según… Unas cervecitas, unos roncitos y una botellita de clipper para niños y mujeres… Vamos, que a pesar de todo no eran agarraos. ¡¡Eran mis familias, carajo!! Este, y a falta del almuerzo, era el momento más esperado de la cogida. Te estirabas un poco, calmabas el rebumbio de las tripas y además te enterabas de todos los entresijos y chismorreos del pueblo, si a las mujeres les daba por ahí y algunos de los hombres, que tampoco somos flojos, acompañábamos. Claro que, por un sentido de vergüenza o por un no sé qué de pudor, disimulábamos, hacíamos como que no poníamos asunto aunque nuestras orejas eran como las de un perro perdiguero ante el peligro, estiradas y alertas a más no poder.papas1

Sabías quién se casaba, quién hacía vida con quién, quién lo llevaba adelantado. ¿Se acuerdan de estas expresiones? Quién enamoraba a quién. ¡¡Y mía tú muchacha!!, él vale mucho más que ella…además él tiene un buen trabajo. ¿Qué quiere la vieja esa para su hija? No me pierdas a la niña…que más parece un guirre que otra cosa.

En fin, que después de sacarle pellejo y cobija a medio pueblo, pasábamos sin apenas transición o preámbulo a la parte buena y compasiva de nuestras gentes. Se comentaba quien andaba enfermo, quién había sufrido algún percance, quiénes pasaban estrecheces económicas…a éste hay que llevarle un saquito de papas, fulana tiene papas, ya le llevaremos un quesito cuando las cabras den leche. Vamos, que dentro de la sordidez y morbosidad del cotilleo, siempre quedaba y queda, afortunadamente, un espacio limpio para la empatía y solidaridad, por ello, y a veces, es fácil y te sale querer a este pueblo de mierda y nuestro. Que sin estar en una colina precisamente, si lo está en una hermosa y recalentada caldera. Claro que, este hecho en sí mismo no es para tirar voladores ni para echarse a la bartola, ya que todo es mejorable en esta vida pero, ciertamente, este villorrio es un sentimiento, trágico, pero sentimiento al fin.

Pero ídome por las ramas, nada raro, por cierto, ya que estábamos desayunando y jalando cada cual por su bocadillo.

-Para mí de sardina-decía uno.

-Yo…queso plato-contestaba el otro o la otra.cavando paps

-Y tú María, mi niña, ¿de qué lo quieres?

-Pues…ni sé-contestaba la inapetente de siempre.

-Y a usted Juanito, ¿de qué se lo hago?-le preguntó mi hermana al mayor de la cuadrilla y el más voluntarioso y predispuesto del vecindario.

-Mira mi hija, tú sabes que yo nunca he sido de mucha comida, pero ahora cuando te habilites me pones un pisquito de ron, que yo con eso tiro hasta el mediodía.

Con Juanito se cumplía aquello tan proverbial y gastado de que le gustaba más el ron que comer. Y terminamos el tente en pie y continuamos el trabajo y el jablantismo pendiente.

                                                                                        Lelo, Tenteniguada, septiembre de 2015.

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