Miércoles, Octubre 16, 2019
A- A A+

Krizalys Breadcrumbs

CUENTO DE ÁNIMAS

almapenasHace algunos años, recordarán nuestros agricultores boyeros, llegado el mes de abril tenían por costumbre y necesidad trasladarse con los animales a las cumbres cercanas, donde entre leche y gofio, supersticiones y cuentos de brujas y almas en penas y hermosas caracoleadas, pasaban casi tres meses o, para ser más exactos, hasta las vísperas de San Juan, fecha en que regresaban trayendo cierto tufillo a bosta de vaca y llenos de piojos y carrancios.

En una de estas cumbres y en esa época, cuentan que aparecía un alma en penas, es decir, el alma de una persona que muriendo y dejando de vivo asuntos pendientes, mandaba entonces a su alma como delegada o embajadora aquí en la tierra para aclarar ciertas cosas: hermanos desheredados, mujeres despechadas, amigos ultrajados… y alguna que otra misa. Porque sabido es que arriba nos quieren bien limpios y castos y, porque además, había que mantener los temores religiosos entre el ganado terrenal para que no se desbandara. El caso es que aparecía un alma en penas.

Cubierta de una sábana blanca y con una extraña luz como aureola, irrumpía por cuevas y barrancos aterrando a su paso a cuanto bicho viviente encontrara, incluido el hombre del que se cuidaba de acercársele, al menos de momento.

NUESTRAS CUMBRESAsí una noche y otra, comenzaron los boyeros a mosquearse y los más medrosos abandonaron las cumbres a media tarde en tanto pasara el espanto que tenían. Solo los más decididos pernoctaron y comentando la historia decidieron hacerle frente al alma en penas y preguntarle que “qué carajo quería de ellos y de este mundo”.

Pasó algún tiempo y ya casi tenían la vaina olvidada cuando Panchito, sentado cerca de la cueva y saboreando los restos del crepúsculo cumbrero, notó que las cabras estaban inquietas y que las vacas y bueyes se apretujaban unos contra otros presagiando peligro.

-¡Co…ño!, aquí ocurre algo.

Miró alrededor y….¡Virgen santísima!, la luz y el bulto blanco estaban a menos de cincuenta metros de él. Sudando a barranco lleno y percibiendo como la sangre subía y bajaba de la sesera a los pies, pudo balbucear más que decir.

-¿Qué quieres ánima bendita?

-No temas Pancho- le contesta el bulto con aires de ultratumba y dándole el nombre de alguien que hubiera muerto medio siglo atrás- no está mi alma sosegada allá “arriba” y vengo para que me mandes a decir una misa lo antes posible.

-Descuida que así lo haré. Y ahora vete en paz, alma del purgatorio.

Panchito suspiró de alivio puro y poco a poco fue cogiendo tino, porque a fin de cuentas no era tanto lo que esta alma de dios o del diablo le pedía, comparado al susto. Y ni corto ni sobrancero se vino pa’l pueblo. Visita a la familia, encarga la misa y se pasa por el cafetín de Rafaelita a echarse unos cafetines, emprendiendo el regreso a la mañana siguiente. Cuando llegó a la cumbre aún no se veía un palmo de tierra (el croar de las ranas en el abrevadero y el ladrar de unos perros nocturnos le confirmaron lo temprano de la hora), por lo que se tumbó un rato sobre una maná de carrizos y allá que le pareció emprende la jornada. Pero va a coger la “jose” y no está en su sitio, ni el cabestro, ni el saco que tenía para ponerse en la espalda cuando la yerba estuviera mojada, ni el biergo, ni el sacho, y lo que era peor, tampoco estaba la talega con el gofio.

-¡Ya me jodieron todo!- prorrumpió.

Refunfuñando y como medio loco vuelve otra vez sobre sus propios pasos y…

-¡Ay mi madre, que me da un fatuto!

Comprueba que las cabras y las vacas tenían las ubres más escurridas que sus bolsillos. Como si se desplomara el mundo, salió de la cueva y mirando un celaje que se trasponía por la Majá dijo al fin:

-¡Alma en penas, alma en penas!, ¡valiente totorota estoy hecho!

Solo algunos años más tarde pudo enterarse quién era el alma en penas en cuestión. Y nosotros también: Cho’ Antonio Rosa.

LELO (1988)

NOTA: LA VIÑETA Y EL TEXTO HAN SIDO RESCATADOS DE UNA TIRADA DEL PERIÓDICO "EL BIERGO" DEL AÑO 1988

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar