Viernes, Febrero 22, 2019
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FIDENSITA

  Iglesia de San Miguel Valsequillo        Dicen las malas lenguas que la gente de Valsequillo partimos un higo pa completar el kilo (pero echamos la cuenta) queriéndonos decir agarraos, pero eso es mentira lo que somos es justos porque no echamos más pero tampoco menos. ¡Oh! pa que se den cuenta de esto, resultó de ser que una vez fue uno que no era de aquí y discutiendo con Paco Macías, éste se despistó y aquél le metió un cachetón que sonó como cuando estás inflando una soplaera y se te se estralla, esto pasó delante del bar de Eusebito. Paco, cuando cogió resuello, partió a correr como un tiro detrás de aquel penco que huía asombrado delante de él, llegaron al Calvario y el perseguido miró para atrás a ver si ya había pasado el peligro y nanay de la China, atrás venía Paco con la cara encochinada corriendo todo lo que podía para alcanzarlo; sigue aquel hombre pa bajo y cuando llegan a la altura del Cercadillo, vuelve a mirar pa trás y allí estaba Paco sin desfallecer; cuando llegaron a Luis Verde, otro tanto de lo mismo y el que huía, con la cara blanca como un papel y seguro pensando:¡chacho! ¿y este jodío no se va a parar nunca? y pa’lante, uno corriendo alante y el otro atrás; y así fueron pasando por todos los sitios, uno alante, otro atrás hasta que llegaron a la altura de la Caravana Chica hoy en día (como dice el Chaqueta) el bar El Paso que también se llamó ay mas allá el bar Capirote y hasta allí llegó Paco que, afisiado como un perro, no lo pudo coger porque si no le hubiera dado justito lo que aquel bandío le dió a él. Con el tiempo se supo que aquel individuo, y perdonen el modo de señalar, fué José Luis "patas largas" el cual hizo honor a su dichete, aquellas largas patas lo salvaron de la jentina que le hubiera dado Paco. Dicen que el miedo da alas, pero este hombre más bien parecía un reactor.

 

            Otra característica que teníamos los de aquí, aunque esta la tenía por entonces todo el mundo, era que nos conocíamos todos y si, un suponer, un viejillo nos preguntaba, ¿de quién sos tú? nos decía al momento, no espera que te voy a sacar por la raza. Un ejemplo de esto que estoy diciendo fue el que nos pasó a un grupo de amigos hace muchísimo tiempo y ustedes no se pueden acordar, fuimos a San Roque y había allí un grupo de personas entre las que se encontraba Miguelito, el primer barrendero que conocí en nuestro pueblo, incluso más viejo que Juanito Melián el de Las Vegas. Pega Miguelito a hablar con nosotros y nos decía: tú vas a tener que ser de Usebio el del bar, tú sos de Felmín Pino y sétera, nos sacó a todos por la rasa jurao por lo más sagrado.

            Así de este modo vamos a pararnos en la plaza de San Miguel para no variar, mi vieja y querida plaza, y haciendo relación con lo que antes conté tanto el ser justos como conocer prácticamente a todo el mundo de por aquí, estaba Miguelo Monzón un día sentado en el redondel que está a la punta abajo de la plaza al lado de donde estaban antes los taxis, vio venir una guagua de abajo de Telde parriba pa Tenteniguada y dentro, entre otros pasajeros, venía Fidensita la de Tenteniguá. Miguelo desde que la vio se quedó mirando pa ella, Fidensita mirando pa la plaza con los brazos cruzados y cuando la guagua llega a la altura de la escalinata y del puesto de Baldo (en ese tiempo era la Caja de Ahorros, y hace mucho, pero que mucho tiempo la tienda de Pilarito la madre de Jacinto Suárez Martel, Jacintito, va Miguelo y levanta la mano mirando pa Fidensita creyendo que ella también miraba pa él, ésta va y se persigna porque para donde miraba realmente era pa la iglesia y Miguelo al momento persignándose él también dijo, díjole: pues como mismo me saludas te saludo haciéndose la cruz en el pecho y muerto de risa.

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